Platón decía: “Buenos son los que aprenden a dominarse, a gobernarse”. Para Aristóteles el dominio de si tiene dos virtudes: La templanza en el uso de los bienes y la fortaleza antes los males.
El Hombre –dice Aristóteles- debe ser formado desde pequeño en la templanza y en la fortaleza, ambas virtudes le ayudan a dominarse: la templanza a dominar sus deseos y la fortaleza a dominar sus miedos, de modo que no sea un cobarde, que sepa dominar sus deseos de bienes y que no se deje dominar por el temor de los males; así se hace un ciudadano virtuoso y se rige por la razón.
La permisividad produce malvados: ladrones, coimeros, indolentes, individualistas, impulsivos, glotones, lujuriosos, violentos, incapaces de dominarse y cobardes, hombres que no son dueños de sí mismos y terminan esclavos primero de sus pasiones y luego esclavos de las de los demás.
Desde la primera infancia es preciso que se nos eduque de manera que coloquemos nuestros goces y nuestros dolores en las cosas en que es conveniente colocarlas. En esto consiste una buena educación Con Aristóteles salen descalificados aquellos pedagogos, psicólogos y papás permisivos, cuyo lema es “no hay que corregir, no hay que reprimir”.
Te invitamos a escuchar este interesante episodio.
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